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Hola, yo soy Orlando Mora, soy el group leader en San Juan, Arizona. Estamos ahí como dos años. Quiero compartir mi historia.
Yo me crié en Nueva York la mayoría de mi vida. Estaba allá como 34 años. Cuando yo estaba en 6th grade, tenía como 11 o 12 años.
Ya estaba fumando marihuana y bebiendo alcohol. Entonces, fast forward, llegué a los 35 años. Mi vida estaba muy mala.
Estaba tan mala que ya ni quería vivir como yo estaba. Porque las drogas y el alcohol me tenían controlado. Y no pude mantener trabajo, no pude hacer nada.
Solamente el cuerpo quería beber y meterse droga y estaba muy enfermo. Entonces, un día vi un comercial en la televisión que estaba hablando de un libro de Book of Mormon. Entonces yo tuve un sentimiento adentro y llamé.
Cuando hablé con la muchacha, a mí me parecía como si ella era un ángel porque tenía una voz como de un ángel. Ella me dice que me va a mandar el libro. Yo esperaba el libro por correo, pero no pasó así.
Pasaron unas semanas y vinieron dos muchachos misioneros a mi casa. Y entonces, cuando ellos primero llegaron, yo mandé a mi abuela que los mandara porque yo estaba enfermo. Estaba bebiendo la noche antes y no quería ver a nadie.
Entonces mi abuela fue a la puerta y le dijo, Orlando no está aquí, váyase. Entonces eso pasó dos o tres veces. Y los pobrecitos siguieron viniendo para atrás.
Y la tercera o la cuarta vez yo los dejé entrar. Y entonces ellos me preguntaron que apague la televisión para poder rezar y dar una presentación. Y a mí me dio un poco de coraje porque yo estaba viendo algo bueno en la televisión.
Y mi abuela, ella se fue para la cocina. No quería nada que ver con los misioneros. Ella creía que eran Jehovah's Witnesses.
Nosotros eramos católicos. Pues entonces ellos tenían un librito y me enseñaron retratos, un flip chart y me enseñaron un retrato de Joseph Smith. Y me contaron de Joseph Smith.
Y yo creía que... Me dijeron que Joseph Smith era el profeta y que él estuvo visitado por Jesús y por los ángeles. Pues entonces yo pensé que este muchacho estaba loco. Y... Esto era una locuría.
Entonces, pero yo respeté, lo respetaba y lo dejé que acabe la presentación. Y algo muy interesante pasó. Yo vi a... Yo vi a Cristo en los ojos de los misioneros.
Y yo no sé cómo eso era posible, pero yo sabía que ellos eran hombres de Dios. Pues entonces ellos se fueron y nunca los vi otra vez. Me dejaron el libro.
Y este... Pasó un año y yo me encontré en Mesa, Arizona, una cuarta milla del templo. Y cuando llegué a Mesa, uno de los compañeros, Bobby, me dice... Era diciembre 17 y ya van preparando para Navidad. Entonces Bobby me dice, Vamos a ver las luces de Navidad para el templo.
Y yo dije, OK. Entonces pues fuimos allá. Y como una media milla del Visitor Center, yo vi la estatua, la estatua de Cristo.
Y dije, vamos a ver, vamos a ir a ver esa estatua. Entonces yo estaba... Los ojos míos estaban pegados de Cristo. Y no podía haber otra cosa, solamente... Yo pensaba que este era el Dios que me estaba cuidando toda la vida.
Pues entonces Bobby se fue. No quería nada que ver con Cristo. Y este... Las hermanas me invitaron a hacer una... Yo no sé cómo le llamo, una presentación.
Entonces entramos a donde estaba Cristo, más cerca. Y las cortinas se dejaron atrás. Y las luces se fueron más oscuras.
Y la voz, narration, empezó a hablar de Cristo un poquito. Y pasaron un momento cuando para mí todo se fue negro. No podía ver nada, como si estaba completamente oscuro.
Y yo sentí los brazos de Jesús que me apretaban. Y Él me dice, your journey is over. Entonces yo no estaba seguro qué me estaba pasando.
Porque eso era algo muy increíble. Y seguí. Y entonces la luz vinieron para atrás.
Ya se acabó la presentación. Y las hermanas me estaban preguntando, ¿Cómo te sientes con la presentación? Y entonces yo estaba que no podía ni hablar. Y no le dije a nadie de lo que yo había pasado.
Pero seguí repitiendo en mi mente. Para que nunca se me olvide lo que pasó. Entonces, pues, eso se me olvidó por unos meses.
Porque yo creo que Dios no quería que yo compartiera con eso. Donde yo estaba viviendo. Porque es algo muy sagrado.
Entonces pasó unos meses. Y entonces yo cogí los... Empecé a reunirme con los misioneros. Y me enseñaron los de la iglesia de Monmón.
Y me bauticé en como unos seis meses después de ese día. Pues, esa es mi historia. Y yo sé que Dios vive y que nos conoce.
Y siempre está con nosotros. Y nunca nos abandona. Y eso te lo digo en el nombre de Jesucristo.
Amén.